-Las polillas me aterran.
                      -sally.

El mata-polillas
 
Yo tenía una vida aburrida, ¿saben? Respetando las criaturas de la naturaleza y eventualmente también a las piedras y otros objetos inanimados. Excepto aquella vez que esperé a una pequeña rata con un formón en la mano a la puerta de un taller de carpintería, aunque cabe aclarar el resultado: la rata pasó frente a mis narices y salió ilesa.
 
Ahora me he conseguido un nuevo empleo que vino con mi nueva vida, adicional al que ya tengo. Bueno, es un trabajo no remunerado, pero ocasionalmente hay algunos trabajos que me pagan con comida y no me niego. Para qué hacerlo si comer me gusta tanto.
 
Este nuevo empleo nada convencional es de hacerla de mata-polillas. Es complicado, ¿saben? Para empezar porque ya me había hecho a la idea de que tenía principios éticos con respecto a la naturaleza y no me nacía el instinto de matar si no era necesario. Otra razón es porque las considero criaturas que aunque no parecen ser agradables, al menos son inofensivas. Por último, la razón más importante que convierte a este empleo en algo complicado es que siempre debes estar listo para la acción. ¿Cuándo será el siguiente trabajo? Nunca se sabe.
 
Pequeñas, grandes, claras, oscuras, feas... menos feas (dice mi empleadora que no hay bonitas), no importan su raza, especie ni status en el mundo biológico. Hay que matarlas y punto. Uno no puede detenerse a pensar lo que pudiera pasar con los objetos alrededor, como espejos, retratos, vasos o incluso otras personas; hay que ser eficiente y rápido.
 
De no ser porque existe gente con mi oficio mi jefa bien pudiera estar dedicando su tiempo no sólo a matarlas una por una, sino a idear una manera de extinguirlas masivamente. Yo creo que mi jefa sería feliz si existiera algo así como la bomba de neutrones selectiva, sólo para polillas, de tal suerte que un bombazo acabara con los susodichos insectos pero dejara vivos a las orquídeas, los conejos, los gatos y tal vez algunos seres humanos. Me dejaría sin mi empleo, pero ella tal vez me conseguiría un nuevo empleo porque sería muy feliz.

 
Los asesinos de polillas como yo no preguntan si son buenas o no. Haces tu trabajo porque alguien tiene que hacerlo y ese alguien eres tú. A fin de cuentas, como lo mencioné hace rato, mi vida dejó de ser aburrida para convertirse en un bello torbellino de emociones gracias a mi jefa que me trae por toda la ciudad haciéndome entender que la vida sin polillas es mejor y más romántica.

Yo le creo.