Dedicado a HCLR.
Noche surrealista de un soltero polÃglota
(De esas que ya no me suceden)
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PodrÃa haber comenzado como cualquier dÃa en esta ciudad. Está lloviendo para variar. El aire nostálgico se siente en el aire.
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Decidà que yo pertenecÃa a aquél lugar desde apenas la adolescencia. Y los sueños se están cristalizando.
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Siempre soñé con una bella mujer francesa, aunque eso de las relaciones entre diferentes culturas, a decir verdad no pensé que me pasarÃa a mÃ. Suficiente era con aguantar a una vieja que hablara mi propio idioma. Quizá solo era cosa de buscar. Dicen que el que busca encuentra.
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No me arrepiento de estar aquÃ. No hay muchos lugares para los lobos esteparios en este planeta.
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Las mujeres que dejé en México se encuentran en los teibols, ésas eran siempre las fieles, te bailaban por un billete de cincuenta pesos o se iban contigo por otros tantos. No por nada Monterrey es la ciudad de los teibols por excelencia. Se convertÃan en tu propiedad toda la noche, o todas las noches que pudieras pagarlas.
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No sé exactamente qué es lo que extraño de mi tierra, a decir verdad, siempre me sentà como turista también estando allá.
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Hoy, soy soltero.
¿Siempre fui soltero?
Y ésa canción es todo lo que hay en mi cabeza.
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Camino por las calles de ParÃs. Tengo varias opciones porque mañana es dÃa feriado. Quizá primero pase a esa fiesta.
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Un bunche de gente que no conozco.
Ésas chicas reconocen mi acento y quizá hasta me den de su cerveza.
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Los latinos siempre somos bienvenidos en esta clase de lugares, y vamos, nunca me han sobrado las mujeres, pero hoy puede ser una buena cacerÃa.
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Bah, estoy harto de este lugar, pinches viejas estiradas, todas se creen como si fueran la octava maravilla.
Y vaya que las puedo apantallar con unos cuantos idiomas. PodrÃa mantener alguna conversación con la que sea, pero para qué gastar mi tiempo y mi saliva si puedo beber más cerveza.
(Siempre odié que la cerveza aquà fuera más cara que el propio vino, o hasta el agua, chiga.)
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Me largo.
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Caminé hasta que encontré otro lugar, lucÃa más como un irish pub.
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(Francés)
-      ¿Qué vas a tomar?
-      ¿Tienes cerveza?
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No podÃa dejar de pensar en ella, (sÃ, es de la que tienen ese nombre normal frances, y eso que nunca que me han gustado las mujeres normales, pero ella tiene lo suyo)
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Estaba decido a ponerme ebrio.
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La bella mesera me trajo mi cerveza, tenÃa un tanto de ragos toscos, pero se cargaba buenas piernas.
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Me sonreÃa. Era una linda morena. O algo asÃ.
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La verdad, sólo le veÃa las piernas.
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-      ¿por qué no te sientas conmigo?
-Â Â Â Â Â Â -No puedo, son horas de trabajo.
-Â Â Â Â Â Â Vamos, te voy a pagar
-Â Â Â Â Â Â Claro, no esperes que saldrÃa gratis.
-      Pide permiso, y acompáñame.
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La chica aceptó.
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Quise contarle mis cosas, pero era mejor que ella se sintiera en confianza.
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Me habló del imbécil con el que vive.
-Parece que no estás agusto con él. ¿Qué haces ah�
-No me falta nada, el me da todo lo que necesito.
- ¿Es buen compañero en la cama?
-No me quejo.
-Vamos, esa es la queja de todas las mujeres que viven en esta maldita (bendita) ciudad.
-Bueno, pudiera ser mejor.
-¿Es acaso un tipo de propuesta?
-No, no te equivoques, sólo comparto mi cerveza contigo.
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Siguió hablando de cosas insulsas por más de una hora.
Yo seguÃa interesado en sus piernas.
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DecÃa cosas extrañas en alemán, que vagamente le seguà el juego.
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Se acercó a mÃ.
-¿Por qué me escogiste a mi?
-Mhhjj, eres la única mujer que me preguntó si me apetecÃa un trago, cómo no habrÃa de escogerte.
Y pensé:
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Puta, todas las mujeres son iguales en cualquier nación, todas quieren algo que no pueden tener.
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Ya van 6 cervezas ¿cómo cuánto será la cuenta?
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Ella hablaba, y yo la imagiaba en mi cuarto.
¿Qué la hace especial?
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Los desconocidos son mi gente favorita.
Uno no los vuelve a ver y empiezan siempre a hablar con la verdad, pues quizá no nos volvamos a ver. O si decia mentiras, la verdad, no importaba, era cosa de una noche.
Y entrados, hasta tenÃa sentido cada palabra que decÃa.
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Se sientió apenada porque debÃa regresar al trabajo, su jefe la veÃa con los mismos ojos de pervertido como toda la noche, pero esta vez ya se veÃa molesto.
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-Parece que ya vamos a cerrar, será mejor que te vayas.
-Pero si apenas son las 2 de la mañana.
-SÃ, es hora de hacer el corte y la limpieza, pero ¡hey! Puedo verte después. ¿Vienes seguido por estos rumbos?
-No en realidad, bueno ya será otra noche.
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Pagué mi cuenta y le dà una generosa propina.
SabÃa que no volverÃa a ver a la chica de piernas lindas. Creo que ya hasta olvidé su nombre.
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Apagué mi celular, no deseaba recibir llamadas de nadie, nisiquiera de mi chica, hoy es una noche mÃa.
Estaba empezando a olvidar el bello sabor de la soledad.
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Encendà un cigarrillo y seguà por la calle. Atravesé 2 callejones y me metà entre las calles.
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HabÃa dos puertas en las que se oÃa un poco de música.
Realmente estaba lejos de mi departamento.
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Decidà entrar.
Amo los clubes clandestinos –me dije a mi mismo- y me dediqué a observar.
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HabÃa chicas con faldas muy cortas, bailando a su vez con más chicas.
Y se ofrecÃan pastillas mutuamente.
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No habÃa tantos hombres, si acaso unos 20, que ya estaban bailando con las mujeres que se veÃan dispuestas a pasar un buen rato.
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VeÃa cómo varias caÃan al piso, inconscientes, y las sacaban del lugar.
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Entré a un cuarto como de dos por dos metros, y habÃa una chica que apenas acababa de dejar salir a un cliente.
Estaba el lugar vagamente iluminado, como con luces de colores y estaba fresco.
La chica no vestÃa nada.
-¿Vienes por diversión?
-No en realidad, sólo estoy dando un vistazo. Solo quiero que me bailes, no tengo tanto dinero.
-OlvÃdalo, si no vas a pagar suficiente, mejor ve a casa.
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Puta madre, mejor me di la vuelta y volvà al área común donde estaba toda la gente.
En realidad si tenÃa mucho dinero conmigo, pero no me gustó la altanerÃa de la chica, vaya, si eres alguien que se vende por dinero, qué tan alta está tu autoestima. Bah, yo sólo querÃa un baile.
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Me tomé un par de vodkas (era lo único bueno que habÃa) y me fui rumbo a casa.
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Últimamente ya no llegaba solo a mi departamento, siempre habÃa alguien con quien cruzar palabra.
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Prendà un puro y me puse a leer un libro.
HabÃa cerveza en el refrigerador.
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Ya era un chico grande, yo pensé a los 20 que las mujeres, el sexo, el alcohol y el conocimiento era el significado de la vida, a mis 33, casi 40, veo que sigue siendo el mismo.
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Sólo que ahora simplemente hay que encontrar la manera de cómo combinarlo.
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Yo no estoy listo para el compromiso, no señor.
No dejarÃa de ser un lobo estepario, aunque sea sólo por una noche surrealista.
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